… el alba rasga el cielo, un nuevo día está iniciando y el sol empieza a dar su calor, me preparo para continuar mi viaje y de pronto reparo en un pergamino que estaba en la pared del poso, recordé la mágica escena de la noche y con gran curiosidad desenrolle el pergamino y resulto ser un mapa que me guiaba a una ciudad llamada Kaitara.
Camine durante algunas horas y finalmente asentada en una gran planicie Kaitara que mas parecía una gran fortificación, vi desde lejos que había había mucha gente tramitando hacia dentro de la ciudad así como saliendo, prepare mis armas de una manera que no parecieran amenazantes pero si pudiera defenderme rápidamente si fuera necesario.
En esta ciudad pareciera que todos los que la visitan están bien armados no he vista a nadie que no esté armado, aparte de esto hay muchos guardias con una armadura negra y una gran capa roja. Finalmente estoy a las puertas, pareciera que seguido la ciudad es asediada, las puertas parecen testigos de ello.
De pronto siento hambre y miro una taberna, me dirijo cuidadoso hacia ella, mientras observo a todos los que transitan por la calle, todos parecieran estar listos para la guerra.
Esta es una taberna sombría, me doy cuenta que al entrar todos los que están en ellas me miran curiosos, tanto que el silencio reina en este momento me siento en una mesa vacia, dejo mi alforja junto a mí y al instante un mesero, que parecía de gran edad, con sus cabellos blancos y su piel muy arrugada puso en mi mesa una tarra de cerveza. Tome tranquilamente mientras sentía las miradas de todos sobre mí.
Una pesada atmosfera inundaba el lugar hasta que un hombre alto, delgado, de postura encorvada, con apariencia de estar enfermo, con dos dagas en la cintura y ropas que lo hacían parecer un mendigo se levanto y me señalo y dijo:
-Forastero!
Tome mi tarra y bebí algo y después me levante.
-Que te trae a Keitara.
-Me dirijo al Sexto Palacio. – dije tranquilamente –
En el momento todo el lugar se lleno de risas y murmuros.
-Estás loco. – dijo el hombre –
De pronto de una esquina se levanto otro hombre grande, con una apariencia robusta su armadura parecía muy resistente y muy pesada, se puso a una distancia considerable de mi me miro, después sonrió tranquilamente y sin decir nada se sentó en la misma mesa que yo.
Mañana saldre en una carabana hacia el norte, es camino hacia donde te diriges, si te interesa saldremos mañana al amanecer, te esperare en la plaza - dijo el hombre tranquilamente-
Se levanto y se retiro de la taberna.
A la mañana siguiente me dirigí a la plaza al verme el inicio la marcha, aligere el paso para ponerme al lado de el, al llegar a la salida una gran carabana con mucha gente esperaba, con un movimiento de la mano dio la orden de inciar la marcha.
La diversidad de la gente era impresionante, parecía una colección de gente de todos lados, colores, tamaños.
Horas después se me acerco un joven y me dijo: ya me canse de ir a caballo quisiera caminar, porque no usa mi caballo un rato para que descanse que es un camino largo.
No me quedo otra opción de aceptar el trato, mientras me perdí en mis pensamientos, y así pasaban los días y las noches, aveces nos detenían a descansar, aveces caminamos sin descanso, algunas noches solo a descansar y otras acampamos.
Pronto la pradera cambio por un árido desierto, a los días durante el atardecer mientras nos detubimos a descansar, se escucho el sonar de un cuerno, y rápidamente la gente de la carabana formo un gran circulo al escuchar el sonar de otro cuerno de un sonido particular.
No sabia que hacer, al final solo imite a los demas, al darme cuenta vi que nos encontrabamos rodeados de un montón de gente vestida completamente de negro, y pronto recordé un relato de los muchos que había escuchado en las largas noches durante este viaje, y recordé que estos eran un tipo de mercenarios que atacaban las carbanas para robar y tomar esclavos.
El sol daba sus últimos destellos, y la obscuridad se apoderaba del paisaje, entonces vi moverse una llama en las lineas enemigas, y de pronto el cielo cambio de color a causa de las flechas que volaban por los aires con ardiente fuego, el combate había iniciado.
Los mercenarios iniciaron el ataque, desenfunde mi espada y me prepare para el choque, finalmente estaba en un combate.
Feroz combate este, de pronto después de unos minutos combatiendo, mientras atacaba con un mercenario alguien por atrás me dio un golpe fuerte en la cabeza y caí desmayado....

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